La misma brevedad de la vida es la que guía mis palabras y mis actos. Me despido de este mundo gris, de este lugar frío. Soy un ánima en pena y no quiero serlo más.
Atropello a la gente en mi alocado ascenso, he de llegar antes de que esa desconocida acabe cometiendo un error, he de salvarla… ¿Por qué pienso así? ¿Qué me pasa? ¿Acaso en mis últimas horas de existencia me ha nacido una conciencia social, o simplemente estoy actuando como me gustaría que alguien lo hiciese por mi?.
Subo las escaleras de dos en dos, corro, no quiero pensar en lo que estará pasando en la azotea del edificio. ¡Demonios! Nunca había pensado que subir unas escaleras fuese tan dificil.
Me… falta… el aliento… Me apoyo en la pared, sólo unos últimos pasos, ya casi he llegado, ya casi puedo hablar con la misteriosa chica que desea abandonar este mundo…
- Hola , ¿qué estás haciendo ahí? - le pregunto estúpidamente pues sé que es lo que va a contestarme.
- ¿Tu que crees?. Déjame sola, por favor. Vete - replica ella.
Mientras habla me fijo en lo preciosa que es y no me imagino porque querrá abandonar este mundo. Las palabras salen de mi boca antes de poder pensarlas siquiera, como un acto reflejo:
- ¿Por qué estás a punto de tirar tu vida por la borda? ¿Por qué quieres deshacerte de todo? ¿Por qué quieres acabar metros más abajo, con la sangre esparciéndose por debajo y alrededor de tu cuerpo sin vida? ¿Por qué…?
- ¿De verdad te importa? - pregunta con cara de sorprendida, interrumpiéndome - ¿O es solo una treta para que no lo haga, para que no acabe lo que he empezado?
Misteriosamente se que no es una treta, se que en realidad me importa de verdad lo que le pase, pero no se realmente porque me importa…
- Me importa, baja de ahí y hablaremos – le contesté sin pensar.
Una ráfaga de viento pasa por la azotea, mi chica misteriosa se estremece y yo palidezco, pues parece que todo ha acabado para ella…
