04 Dic

Mañana incierta

Despertar a un mundo de oscuridad. Abrir los ojos y percibir la habitación sumida en la penumbra. Aterido de frio poso mis pies en el suelo, que pese a ser de piedra parece de hielo. Un escalofrío me recorre la espalda y llega a mi cabeza. Estoy por fin totalmente despierto.

Rápidamente me visto con mi túnica y mis pies me llevan hacia la cocina de la casa. Desayuno, comida caliente que calma el hambre de la noche, comida que reconforta el cuerpo y el alma, alimento, bendito alimento…

Salgo fuera, me espera un día duro, un día de trabajo. Voy andando hasta la calzada romana. Vieja y mohosa, piedra y musgo, hacen dificil el caminar por ella. Me recuesto en un árbol recubierto de liquen. Espero a que alguien pase y me deje un hueco en su carruaje.

Sigue siendo de noche, hace un frio mortal, y de pronto en la calzada atisbo una luz fantasmal. Una figura vestida de blanco se acerca lentamente a lomos de un gracil corcel, seguida por un carruaje que ilumina el camino con cuatro antorchas, una en cada esquina.

Ella, pues es una mujer, llega a mi altura. Me fijo en su rostro y ya no puedo apartar la vista. He quedado atrapado por su hechizo, no puedo separar la mirada de sus dulces y bonitos ojos…

Muero, siento que muero, de inanición, de apatía. Muero recostado contra el mismo árbol recubierto de liquen. Muero y la oscuridad me envuelve… ¿Por qué me has hecho esto dama mía?…

Un comentario

  1. 1 04/12/2007 at 13:48
    Permalink

    Un pequeño relato que lleva rondando un tiempo por mi cabeza, que dejo aquí recogido para recordarlo y para que lo leáis.

    Puede ser un posible comienzo o quizá un final de algo mayor, pero nunca se sabe…

    En fin, espero que os guste.

    Saludos

Comenta

Tu email nunca sera publicado o compartido. Los campos obligatorios estan marcados con *

*
*