Una noche mágica

Todo comenzó con ese apasionado beso que me diste en el bar tras entregarte tu cubata. Aún no sé como no se me cayó el mío de la sorpresa. Conseguí dejarlo sobre una repisa mientras rodeaba tu cintura con mi mano libre. Tu lengua comenzó a juguetear entre mis labios y yo no tardé en hacer lo propio con la mía. Acaricié tus labios, los sentí sobre los míos y me estremecí. Te acercaste aún más a mi, cómo intentando fundirte conmigo, mientras jugueteabas con tus dedos en mi nuca, provocándome. Recorrí tu cuello con mi mano en el preciso instante en el que nos separábamos y, después de un corto silencio durante el que nos miramos tiernamente, estallamos en carcajadas.

Me dijiste – “Sígueme” – mientras me lanzabas una pícara sonrisa, justo antes de dar media vuelta. Yo abandoné mi cubata en la repisa y, tras coger mi chaqueta, seguí tu sugerente caminar. Salimos a la calle, en la que las farolas fueron los únicos testigos de nuestras caricias. Recorrí tu espalda con mis manos, mientras me besabas apasionadamente en una esquina. Recuerdo mirarte a los ojos mientras mis manos dejaban tu espalda y visitaban los bolsillos traseros de tu pantalón vaquero. Ví como la sorpresa pasaba fugazmente por tus ojos, pero fue reemplazada por algo parecido a la lujuria.

Susurraste algo incomprensible en mi oído y, tras darme un empujón, saliste corriendo mientras te reías. Yo te seguí, intentando no perderte de vista, pero al doblar una esquina habías desaparecido. Comencé a caminar lentamente por la calle, intentando buscarte, cuando de pronto saliste de un portal y, rodeándome con tus brazos me dijiste – “Esta es la última vez que estaremos separados” – Me diste la mano y me llevaste a tu casa.

Cerré la puerta mientras tu jersey morado caía al suelo y dejaba a la vista unos hombros muy sugerentes. Apagaste la luz y lo siguiente que escuché fue el ruido que hizo tu cinturón al caer sobre el parquet. Me llamaste con un susurro entrecortado e incitante. Dejé que mis ojos se acostumbrasen a la oscuridad reinante, pues no había ninguna prisa. Sabía que estarías ahí para mi, del mismo modo que tu sabías que yo era totalmente tuyo. El sonido de tu risa fue mi guía mientras mis pies iban tropezando con tu ropa, esparcida por el salón y el pasillo.

Entré en tu cuarto y tus manos me dijeron sin palabras que me parase. Me desnudaste, con ternura, acariciando mi cuerpo a medida que ibas descubriendo centímetros de mi piel, provocándome cada vez que me tocabas un escalofrío. Recuerdo que cada vez que tu piel entraba en contacto con la mía aumentaba mi excitación. Jugaste con mi camiseta y te acercaste a mi para quitarme mi última prenda. Vi tu cara en la oscuridad. Vi la pasión reflejada en tu rostro. Vi la excitación que sentías.

Desnudos, me llevaste a tu cama. Jugamos con nuestros cuerpos mientras explorábamos nuevas fronteras. Tus besos eran profundos y húmedos, llenos de lo que sentías por mí y del deseo que te embargaba. Mis respuestas no fueron menos vehementes. Recuerdo que, allí, en medio de la oscuridad, me hiciste tuyo. Recuerdo que me abandoné a una vorágine de sentimientos y eso es todo cuanto consigo recordar.

El sol se filtra por la ventana mientras abro los ojos al nuevo día después de tantos recuerdos. Tu estás tumbada a mi lado, con una sonrisa en la cara, mirando cómo remoloneo antes de despertarme por completo. Nos besamos y me levanto para prepararte el desayuno. Hoy es nuestro aniversario. Hoy hace un año que compartimos aquella primera noche mágica, cuyo recuerdo ha endulzado mi despertar

09
sep 2011
AUTHOR Nk0
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Relatos

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